Don Justo

Aquel día los recuerdos atropellaron el alma de don Justo. El lento regreso en colectivo por la enroscada Cuesta del Guanaco le permitió apreciar el desastre en toda su extensión.
Y maldijo la peste que marchitó los olivos, las vides, los nogales, las higueras, los plantíos de ajíes… Y maldijo el soplo del diablo que volvió raquítico al guanaco, la cabra y la vicuña. Y maldijo el aliento espantoso que dañó la salud de las comunidades del Valle de Abra Vieja.

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Contra tiempo

-¿Por dónde vamos, Oso? ¿Por el puente?
-No, Negro, lo están arreglando y a esta hora es un quilombo. Para peor la barrera de Niceto Vega sigue clausurada. Vamos por Corrientes.
-¿Y si está cerrada?
-Te metés de prepo y pasamos con las barreras bajas. Hacé lo que te digo. ¡Dale, Negro!
Al doblar por Corrientes a la altura de la plaza Los Andes, vieron que la cosa no iba a ser fácil: la fila de autos llegaba hasta Dorrego.
-¡Uy, Oso!; ¡Mirá! ¡Qué cagada! Hay un tren parado, tapando la avenida, ¡y es de carga!
-Vos metéte, Negro, dále. Metéte y no le aflojés a la sirena.
-Si nadie le da bola… -argumentó el Negro.
El Oso ensayó otro método:
-¡Eh, señor! ¡Corrase, por favor!
El tipo se movió un metro.

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Volviendo a Casa

Conducía la moto con pericia por el congestionado y nervioso tránsito de la ciudad. Con aceleradas cortas y suaves toques de freno avanzaba zigzagueando entre la interminable fila de vehículos,
La prisa era la normal en alguien que deseaba llegar luego de la jornada de trabajo que ponía fin a una semana complicada. Había finalizado su servicio y regresaba a la base de operaciones para tomar una ducha, cambiarse y volver a casa para empezar a gozar del muy ansiado franco de fin de semana.
La luz roja del semáforo le hizo detener la marcha por enésima vez. Durante la impaciente espera, el parlante de la radio emitió la alarma con el mismo tono impersonal y sin matices de siempre: Intento de robo y tiroteo con toma de rehenes. El aviso le cayó como agua helada. Era algo habitual en estos tiempos, pero este pedido de auxilio se refería a un lugar muy cercano, tan sólo a diez cuadras de allí. Pensó que, casi con seguridad, llegaría antes que nadie.

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