No sé qué reparte

No sé qué reparte. Hay tanta gente agolpada a su alrededor. Son cientos de brazos estirados y manos abiertas. Es evidente que, ante tanto desborde, tuvieron que tomarse precauciones. La tarima se eleva cada vez que alguien intenta treparla. De tal manera, el que reparte queda a salvo de la excitación general. Pero es tan grande la avidez, que él también se ve obligado a mover sin descanso las manos. Reparte y reparte. Mientras otros llegan, los satisfechos se van. Sus rostros están plenos. No sé qué llevan en sus manos vacías.

Cuando veo a alguien caminando por la calle

Cuando veo a alguien caminando por la calle, en apariencia sereno, despreocupado, y de pronto, sin querer, me mira fugazmente, se sorprende de mi mirada, y hace todo lo posible por evitarme, entonces comprendo que está huyendo. Y hago todo lo posible por seguirlo, por alcanzarlo, por preguntarle por qué, de quién y hace cuánto tiempo está huyendo; pero lo pierdo de vista, y noto con resignación que mis pies ya no me responden.