No sé qué reparte

No sé qué reparte. Hay tanta gente agolpada a su alrededor. Son cientos de brazos estirados y manos abiertas. Es evidente que, ante tanto desborde, tuvieron que tomarse precauciones. La tarima se eleva cada vez que alguien intenta treparla. De tal manera, el que reparte queda a salvo de la excitación general. Pero es tan grande la avidez, que él también se ve obligado a mover sin descanso las manos. Reparte y reparte. Mientras otros llegan, los satisfechos se van. Sus rostros están plenos. No sé qué llevan en sus manos vacías.