El taller

El Caldero es un taller de escritura, es decir, un tiempo y un espacio.

Un espacio común donde toma forma lo inasible. Un ágora en que cada quien es uno mismo, por la fuerza de su deseo, y cada cual afirma su peculiaridad, resguardando la del otro.

Un espacio grupal donde se encuentran personas individuales para descalzarse máscaras y uniformes, a salvo de los deberes de la mentira.

Un espacio que hierve en la búsqueda de la propia expresión, de la justa verdad, de la pura belleza.

Un espacio real y virtual a la vez, donde los cuerpos se agilizan, livianos, en la ingravidez del pensamiento y de la creación.

Un lugar afuera, que es adentro. Un círculo en la superficie, que horada como un émbolo hacia lo más profundo. Una escala, una torre sin castigo para ascender a lo vedado. Una base donde hacer pie y una rampa para lanzarse, incautos, hacia el Misterio.

Es un tiempo sagrado, porque es un tiempo de libertad, de riesgo, de búsqueda encaminada, de encuentro, y de silencios compartidos.

Un tiempo robado, exigido, defendido de los otros tiempos voraces.

Un tiempo que nunca empieza del todo y quizá no termine nunca.

Un tiempo sin límites, vertiginoso, con la urgencia de la vida y de la muerte, con la paciencia de lo que debe ser dicho y repetido mil veces, en el acento de cada generación.

Un tiempo abierto como un libro. Numeroso, como las palabras que los hombres hemos creado para decirlo todo.

Un tiempo cerrado y breve donde cabe lo más importante, lo único. Lo nuestro.

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