Contra tiempo

-¿Por dónde vamos, Oso? ¿Por el puente?
-No, Negro, lo están arreglando y a esta hora es un quilombo. Para peor la barrera de Niceto Vega sigue clausurada. Vamos por Corrientes.
-¿Y si está cerrada?
-Te metés de prepo y pasamos con las barreras bajas. Hacé lo que te digo. ¡Dale, Negro!
Al doblar por Corrientes a la altura de la plaza Los Andes, vieron que la cosa no iba a ser fácil: la fila de autos llegaba hasta Dorrego.
-¡Uy, Oso!; ¡Mirá! ¡Qué cagada! Hay un tren parado, tapando la avenida, ¡y es de carga!
-Vos metéte, Negro, dále. Metéte y no le aflojés a la sirena.
-Si nadie le da bola… -argumentó el Negro.
El Oso ensayó otro método:
-¡Eh, señor! ¡Corrase, por favor!
El tipo se movió un metro.

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Volviendo a Casa

Conducía la moto con pericia por el congestionado y nervioso tránsito de la ciudad. Con aceleradas cortas y suaves toques de freno avanzaba zigzagueando entre la interminable fila de vehículos,
La prisa era la normal en alguien que deseaba llegar luego de la jornada de trabajo que ponía fin a una semana complicada. Había finalizado su servicio y regresaba a la base de operaciones para tomar una ducha, cambiarse y volver a casa para empezar a gozar del muy ansiado franco de fin de semana.
La luz roja del semáforo le hizo detener la marcha por enésima vez. Durante la impaciente espera, el parlante de la radio emitió la alarma con el mismo tono impersonal y sin matices de siempre: Intento de robo y tiroteo con toma de rehenes. El aviso le cayó como agua helada. Era algo habitual en estos tiempos, pero este pedido de auxilio se refería a un lugar muy cercano, tan sólo a diez cuadras de allí. Pensó que, casi con seguridad, llegaría antes que nadie.

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Encuentro de escritores de la Red de Mercociudades

Informe

1, 2 y 3 de noviembre de 2000

Los días 1, 2 y 3 de noviembre asistí, por invitación de la Secretaría de Gobierno y en representación de este Municipio, al primer Encuentro de Escritores de la Red de Mercociudades, en Porto Alegre, organizado por la Secretaría Municipal de Cultura de Porto Alegre, la Cámara Riograndense del Libro y la Asociación Gaúcha de Escritores.

En la oportunidad, estuvieron representadas 14 ciudades integrantes de la Red: General San Martín, Mendoza, Mar del Plata, Asunción, Montevideo, Porto Alegre, Belo Horizonte, Curitiba, San Bernardo del Campo, Santa María, Río de Janeiro, Piracicaba, Río Claro y San Pablo.

Autores de los cuatro países del Mercosur tuvimos la oportunidad de conocernos y discutir semejanzas y diferencias, analizar temas como la actual situación política y económica de América Latina y el papel del escritor, impasses y avances de la producción intelectual en la Mercociudades, perspectivas éticas y estéticas en la literatura, cuestiones relativas a la producción literaria, ediciones, traducciones, comercialización, etc.

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Homenaje a Olga Orozco (1920-1999)

Por Guillermo Weigel

“Mis amigos me temen porque creen que adivino el porvenir. A veces me visitan gentes que no conozco y que me reconocen de otra vida anterior. ¿Qué más puedo decir? Que soy rica, rica con la riqueza del carbón dispuesto a arder.”


Calificar o valorar la obra de un creador, intentar atrapar en palabras o conceptos algo que escapa a cualquier consenso, es una tarea condenada a morir en la propia tentativa, cuando no una caprichosa aproximación a las intenciones del gestor. Como medir lo inmensurable, como normar aquello concebido para burlar las referencias o para transgredir cualquier pacto con lo ilusoriamente tangible.

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Borges Bibliotecario

por Nelly Vargas Machuca

Artículo publicado en julio de 1999, en el segundo número de la revista “Presencia Federada”, órgano de la Federación de Bibliotecas Populares de la Provincia de Buenos Aires, y en el número 16 (agosto de 1999), de la Revista “Ser en la Cultura”, publicación de la Comisión de Cultura de la Mutual y Casa Universitaria de San Martín.

Rodeada de libros de Borges, sobre Borges, pienso en el Borges “bibliotecario”, porque lo fue, sin duda, en la más acabada acepción del término.

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El recitador

“Ciego es quien sólo ve el significante;
torpe, el que cree en el significado”.
Ahmed Ibn Falad. Basora, 736DC.

Cuentan que en el siglo XV, a un retirado pueblo extremeño llegó un cristiano nuevo -rabí en su juventud dicen algunos, otros afirman que en sus venas corría sangre mora- quien de alguna forma había heredado un libro muy antiguo: hay quien habla de una versión herética de la Torah, en la que estaban todas las palabras del universo, cada cual con su origen y su significado. Y que el rabí, si tal era, ocupaba largas horas en el recitado de aquel libro, en la creencia de que cuando lo supiera todo, conocería a Dios.

No hay cosa mas engañosa digo yo, que un diccionario. En él aparecen todas las cosas, pero no está ninguna. De alguna forma, es como un espejo de palabras.

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El fiero

Por encima de la cordillera —por encima de las dos o tres nubes que le hacen de sombrero— se asoma una luna pálida, de costado, como no queriendo ver, y queriéndolo. A veces pasa: uno tiene que ver aunque no quiera. De alguna forma, un Dios malo nos fuerza a mirar, y aunque uno diga que no, ni caso.
Abajo los hombres se mueven, siempre están moviéndose, como si quedarse quietos importara un peligro, como si los fuera a alcanzar la muerte, que se supone está atrás, aunque para este, que viene enfundado en la noche, iluminando la huella con ojos de cancerbero, para este, decía, la muerte está adelante. Ahí nomás, esperándolo, en ese fogón con baile, allá abajo, con formas de emboscada y perfume de mujer. Y él la ve, pero de alguna forma se niega a creer, o tal vez crea, pero lo que lleva atrás es peor.

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Yo, argentino

Yo no quería molestar a nadie. Yo laburaba de sol a sol para levantar al país, pagaba los impuestos para evitar el déficit, y con lo que me quedaba de abonar los servicios, trataba de vivir lo mas decentemente posible. Porque pobre no quiere decir sucio, como los europeos, o deshumanizado, como los yankees. No para mí, señor. Yo escuchaba folclore y compraba argentino. Cuando podía, porque a veces estaba corto de fondos y tenía que comprar barato.

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El hijo de la loba

El niño trabaja de crío, lo que a falta de más grande empleo, o inspiración, es lo que mejor le cabe hacer. Sentado sobre una inmensa piedra blanca que algún día lo sostendrá estatua, mama de la madre el alimento olvidado en los apuros de la salida, que han sido tantos y tan dolorosos, que hasta se ha dejado atrás el pan que traía acomodado bajo el brazo y la fe de nacimiento, con lo que ahora ha de conformarse con este pan trocado en leche, y esta loba que le fuera asignada, extraño regalo de la naturaleza, que tal vez por ser también madre, se apiadó de estas crías de humano.

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Visita a Santiago Kovadloff

Extractada por Ana Bauchiero

El lunes 29 de junio de 1998, los integrantes de El Caldero fuimos gentilmente recibidos por Santiago Kovadloff. Sencillo y afable, se brindó sin reticencias a todas nuestras preguntas. De la hora larga de conversación hemos extractado todas aquellas respuestas que, específicamente, se referían a la tarea literaria y las brindamos tal como fueron dichas, con toda la espontaneidad y la frescura de un diálogo entre amigos.

Los que escriben cualquier género saben que los libros difícilmente son el resultado de un proyecto demasiado nítido. En todo caso son el resultado de un proyecto que va ganando nitidez a medida que uno escribe, tacha y vuelve a escribir, y con la poesía me parece que, al igual que con los libros de cuentos o de ensayos cortos, es muy difícil determinar cuál es su estructura.

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